Hernia discal y pádel: cómo volvió a jugar sin dolor (y ahora compite)
Por Cristina Todo – Co Founder Tuentrenador
“¿Crees que podré volver a jugar sin dolor?”
Esta es la historia de uno de nuestros alumnos.
Un jugador de pádel que pasó por una operación de hernia discal, varias fases de dolor posteriores… y una vida prácticamente sentada por trabajo.
Durante mucho tiempo no pudo hacer deporte con normalidad.
No corría.
No saltaba.
Y el pádel quedó completamente aparcado.
Hoy, 5-6 meses después, juega 2–3 veces por semana, entrena fuerza otras 2–3, no tiene dolor…
y acaba de empezar a competir a nivel amateur.
No es magia.
Es proceso.
El punto de partida: dolor, miedo y desconfianza
Después de una operación de espalda, el problema no es solo físico.
Es mental.
Trabajar muchas horas sentado no ayudaba.
Cada intento de volver al deporte venía acompañado de miedo.
Miedo al impacto.
Miedo a correr.
Miedo a “liarla” otra vez.
Y cuando juegas con miedo, no juegas. Te proteges.
Su testimonio: lo que cuenta en el vídeo (tal cual lo vive)
“¿Cuál era tu situación antes de empezar?”
Venía de una operación de hernia discal.
Había pasado por distintas fases de dolor y, aunque la operación fue bien, no se veía capaz de volver a hacer deporte con normalidad.
“Tenía miedo de hacer cualquier cosa que pudiera hacerme volver atrás.”
No corría.
No hacía impacto.
Y el pádel parecía cosa del pasado.
“¿Qué era lo que más te preocupaba?”
No era solo el dolor.
Era la cabeza.
“Siempre estaba pensando si ese movimiento me iba a volver a doler.”
Ese miedo constante acaba bloqueándote.
Te frena más la desconfianza que la propia espalda.
El error más común tras una lesión de espalda
Aquí es donde muchos se pierden.
O lo dejan todo.
O intentan volver como si no hubiera pasado nada.
Ambas opciones suelen acabar igual:
dolor, frustración o recaída.
La clave fue entender algo muy simple:
Volver a jugar no va de aguantar dolor. Va de volver a confiar en tu cuerpo.
El proceso real para volver a jugar a pádel tras una hernia discal
Nada de atajos.
Nada de prisas.
1️⃣ Respetar la lesión y el dolor
No se empezó jugando.
Ni forzando.
Primero entendimos:
-
Qué movimientos estaban permitidos
-
Cuáles había que evitar
-
Y cuáles había que reaprender
2️⃣ Reeducar el movimiento
Antes de cargar peso o entrar en pista:
-
Control del core
-
Movilidad bien trabajada
-
Patrones básicos sin dolor
Cuando el cuerpo se mueve mejor, la cabeza se relaja.
3️⃣ Entrenamiento de fuerza (el punto clave)
Aquí estuvo uno de los grandes cambios.
Entrenamiento de fuerza 2–3 días por semana, adaptado a:
-
Una espalda operada
-
Muchas horas sentado
-
Un objetivo claro: volver a jugar
No para “ponerse fuerte”.
Para proteger la espalda y ganar confianza.
“¿Cómo fue el proceso?”
“No fue rápido, pero empecé a notar que podía hacer cosas que antes no me atrevía.”
El proceso duró 4–5 meses, avanzando paso a paso:
-
Primero sin impacto
-
Luego con fuerza bien trabajada
-
Y más adelante, vuelta progresiva a pista
4️⃣ Vuelta progresiva al pádel
Nada de partidos eternos el primer día.
-
Sesiones controladas
-
Cargas progresivas
-
Escuchar sensaciones
El pádel dejó de ser una amenaza y volvió a ser disfrute.
“¿Cómo estás ahora mismo?”
Hoy juega a pádel 2–3 veces por semana.
Entrena fuerza otras 2–3.
Algunos días combina gimnasio y pista.
Y lo más importante:
“Juego sin dolor.”
Algo que durante mucho tiempo parecía imposible.
“¿Te imaginabas llegar a competir?”
“Para nada.”
Y sin embargo, hoy acaba de empezar a competir a nivel amateur.
Desde la calma.
Desde la confianza.
“Ahora sé lo que puedo hacer y lo que no.”
Lo importante de este caso
Este testimonio no va de ser un superhéroe.
Va de hacer las cosas bien.
-
Respetar una lesión
-
Entrenar con cabeza
-
Y entender que una operación de espalda no tiene por qué ser el final de tu pádel
Cuando hay método, paciencia y acompañamiento real, el cuerpo responde.
Si te sientes identificado
Si trabajas sentado.
Si has pasado por una lesión de espalda.
Si juegas con miedo cada vez que notas algo raro…
Este caso no es una excepción.
Es lo que ocurre cuando se entrena con sentido.
Y sí:
se puede volver a disfrutar del pádel sin dolor.
Si quieres que valoremos tu caso, ya sabes dónde estamos.
Sin promesas mágicas.
Con proceso.





